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Cuerpo, mente y ¿espíritu?

La paz viene dentro, no la busques afuera.

Es un día normal, estás haciendo tus actividades habituales, compartiendo con tus familiares y amigos, cuidando de tus hijos, y de manera repentina, te haces consciente de algo «evidente», pero inevitable: un día morirás. ¿Cuál es la sensación que despierta al darnos cuenta de esta realidad? ¿Miedo? ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Valor? ¿Confianza? Muy seguramente, aquella sensación se ha originado de tu percepción de cómo has convivido hasta este momento. 

Actualmente nos encontramos en un mundo donde impera la prisa, la emoción, el ímpetu. Nuestra vida gira en torno a los exprés, a lo inmediato, ya no estamos acostumbrados a esperar y cuando las circunstancias nos exigen aguardar, como sucedería en una fila del supermercado o del banco, nos enojamos o buscamos estrategias para pasar rápidamente. Vivimos en una sociedad donde llegar a la meta lo más pronto posible, y si es viable, sin obstáculos, es el mayor logro del hombre. «Nos hemos vuelto esclavos del tiempo». 

Para la corriente existencialista, el ser humano está conformado por el cuerpo, mente y espíritu. Desde esta visión se abre todo un nuevo panorama, una visión que permite ver al hombre desde nuevos horizontes, tomando en cuenta la parte más eminentemente humana: el espíritu. Esta perspectiva cambia completamente las bases en que se fundamentan las distintas escuelas psicológicas, que en general tienen una visión psicosomática, cognitiva y social del ser humano. La ausencia de espiritualidad cercena lo más distintivo del hombre y éste queda atado a los condicionamientos, ya sean biológicos, psicológicos o socioeconómicos. 

En la naturaleza del hombre ha existido siempre y existirá hasta el fin de los tiempos, la necesidad de preguntarse por el destino de su vida. Es algo que llevamos de manera inherete. Y a pesar de que muchas corrientes ideológicas intentan explicarlo con biología, la genética, la psicología, la filosofía, todas ellas caen en el error de reducir al ser humano a algunas de éstas, y se olvidan que el ser humano en su unidad es cuerpo, mente y espíritu. 

«Solo la muerte es lo que da sentido a la vida», ya que al darnos cuenta de que nuestra existencia es breve, tendemos a encontrar la manera de trascender, de dejar «huella». Así que, a pesar de todos los problemas con los que tengamos que enfrentarnos, la vida vale la pena ser vivida, y más aún cuando el hombre pone en práctica la fuerza de oposición del espíritu frente al destino. El sentido quizás cambie, pero nunca faltará. En realidad, tan sólo existe un problema verdaderamente serio, y es juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. Y la vida vale la pena, por que hay razones, hay muchos motivos por los cuales vivir, y esto es lo que le da sentido a la existencia humana.

Pablo Galeana.

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